Lo que la decisión de la Corte Suprema significa para mi familia

Hoy ha sido un día histórico. La Corte Suprema de los Estados Unidos ha determinado que el gobierno federal no tiene razón constitucional para negar los derechos a las parejas del mismo sexo que hayan entrado en contratos matrimoniales donde esos contratos sean aceptados. O sea, que si vives en un estado de la Unión donde el matrimonio igualitario es una realidad, entonces el gobierno federal tiene que reconocer tu matrimonio.

A veces pensamos en asuntos de derechos y los vemos como cosas que pasan “por allá”, “a otra gente”, pero pocas veces le vemos las caras a quienes se afectan por estos hechos. Pues hoy quiero que sepan que estos asuntos tiene nombres, apellidos, familias y que queremos futuros seguros. Mi esposo y yo somos parte de esas miles de parejas que, a partir de hoy, tenemos accesos a derechos que antes no teníamos. Hace un mes somos esposos. Hace poco más de un mes, mi empleador, la Iglesia Bautista Universitaria de Seattle (University Baptist Church) le ofrece seguro médico a mi esposo. Hace ya casi dos años que vivimos juntos, compartiendo todo en el hogar. Sí, el nuestro es un HOGAR. Somos una FAMILIA.

Pero no es hasta hoy que el gobierno federal ha reconocido nuestra relación.

Esta es nuestra situación: hasta hoy, teníamos miedo. ¿Por qué? Pues porque mi esposo está en este país sin los documentos necesarios para residir legalmente en los Estados Unidos. A pesar de que trabaja, paga impuestos, contribuye a la nación, tiene seguro médico, tiene familia en el país, etc., su estatus migratorio nos mantenía en vilo. Hasta hoy, no había nada que pudiéramos hacer. Vivíamos en miedo. Pero hoy ese miedo se ha convertido en alegría…

Hoy mi esposo y yo nos regocijamos de que podemos comenzar el proceso para normalizar su estatus migratorio. Hay por fin una luz – una luz intensa y esperanzadora – al final del túnel. Hoy, gracias a la decisión de la Corte Suprema, puedo patrocinar a mi esposo para que viva y trabaje legalmente en los Estados Unidos. Más que eso, ya no tenemos que tener miedos.

Estas decisiones cambian vidas. Esas vidas que esta decisión ha de cambiar son reales. No importa lo que fundamentalistas pseudoreligiosos digan, estamos hablando de personas, de familias, de seres humanos… Hoy, mi humanidad y la humanidad de mi esposo fueron afirmadas. Nuestros derechos fueron reconocidos. Derechos que hasta hoy solo eran el privilegio de parejas heterosexuales. Pero no. Hoy la Corte Suprema dijo que YO TAMBIEN SOY PERSONA y que mis derechos son tan importantes como los de cualquier otro ciudadano de este país. Mi familia es hoy feliz y no vive en miedo nada más.

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