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La iglesia que sueño

Es indiscutible que la iglesia perfecta no existe. De hecho, creo que es indiscutible que nunca podremos encontrar una iglesia que llene todas nuestras expectativas. Habiendo sido pastor de varias congregaciones – hispanas, anglo-americanas y étnicamente diversas – puedo dar fe de que es imposible el crear congregaciones que logren complacer a toda persona al mismo tiempo. Siempre es posible encontrar congregaciones que llenen las expectativas sobre uno o varios aspectos de lo que consideramos una iglesia perfecta. Pero en definitiva, no podremos crear una congregación que llene todas las expectativas, todo el tiempo y de toda la gente.teologia-de-la-liberacion

Ahora, habiendo dicho esto, también es importante escuchar cuales son las características que las personas creen importantes para una congregación que sea la más apropiada para ellas. Esto no quiere decir que lograremos crear tal congregación. Es solo un ejercicio de soñar con nuestra congregación ideal.

Cuando me mudé a la ciudad donde vivo actualmente y ya que tenía la oportunidad de pasar del púlpito a los bancos, era el momento ideal para buscar una congregación hispana, que llenara mi necesidad de adoración en español, con una comunidad de gente con la que me pudiera identificar mejor. Visité varias comunidades y elegí una. Como he dicho, ninguna es perfecta, pero encontré una comunidad que me aceptó, que me gustó y en la que me he sentido cómodo. De todos modos, sueño con una comunidad de fe que sea más progresista, que realmente refleje mis valores y teología. No sé si sea posible encontrarla, en especial sabiendo la cantidad limitada de congregaciones hispanas en donde vivo, pero sigo soñando con una iglesia que sea más adecuada para mis necesidades.

¿Cuál es la iglesia que sueño? Pues una iglesia que sea así…

  • Una iglesia que no tengo miedo en tomar posiciones teológicas progresistas; que no se amilane de decir las cosas como son y de condenar el pecado de la soberbia, de la corrupción, de la intolerancia, del racismo, de la xenofobia, de la homofobia, de la violencia, de la transfobia, de la misoginia, del sexismo, de la opresión. En fin, una iglesia que tenga una voz profética.
  • Una iglesia que no le tema a la innovación litúrgica; donde se pueda ser flexible y expansivo con la liturgia. Una iglesia donde la rigidez se deje atrás y se de paso a la innovación, a una liturgia dinámica, a una liturgia apasionada, a una liturgia contagiosa y atractiva.
  • Una iglesia que haga uso del lenguaje inclusivo, donde “Dios” no sea solo presentado en forma masculina, sino que se utilicen todas las imágenes bíblicas para la Divinidad; una iglesia donde se hable del Dios que es como una Madre, como una Doncella, como una Mujer Parturienta, como una Viuda que busca una moneda… En fin, una iglesia que reconozca la naturaleza expansiva de Dios.
  • Una iglesia que no tenga miedo de confrontar la injusticia donde la vea; que se muestre solidaria con las personas marginadas, que se muestre solidaria con quienes sufren, con las personas en necesidad, con la niñez, con los inmigrantes, con las minorías étnicas, etc. Una iglesia que se enfrente a la supremacía blanca con valentía y que la denuncia como lo que es: pecado.
  • Una iglesia que esté bien fundamentada en sus principios cristianos pero que también participe y se nutra de las muchas tradiciones religiosas que existen. Al mismo tiempo, que sea una iglesia de vanguardia con respecto a la ciencia y la educación, que estas sean utilizadas para enseñar la grandeza de la Divinidad y no que se deje llevar por la falsa dicotomía de “ciencia contra religión”.
  • Una iglesia que se atreva a ser política – en el sentido de denunciar políticas públicas que afecten a los grupos más oprimidos mientras también deje bien clara su posición con respecto a políticas públicas de beneficio para toda la sociedad.
  • Una iglesia que atesore la tradición musical de los himnos antiguos mientras también incluya, celebre y cree nuevas formas musicales.
  • Una iglesia que atesore la tradición teológica mientras a la vez acepte la naturaleza siempre expansiva del conocimiento que ofrece el Espíritu de Dios.
  • Una iglesia que utilice más de una versión de la Biblia en español; que entienda que cada traducción es una interpretación y que no todas las interpretaciones son iguales ni apropiadas para todas las veces.
  • Una iglesia donde se proclame la Palabra de Dios en los sermones y no que se ofrezca un mensaje para sentirse bien; una iglesia que confronte, que enseñe, que rete, que desafíe a la feligresía a vivir su fe y no solamente a creer.
  • Una iglesia que celebre; que celebre la diversidad, que celebre la vida, que celebre a Dios, que celebre las culturas, que celebre la música, que celebre la Creación, ¡que celebre todo el tiempo!
  • Una iglesia que sea también bálsamo y refugio para quien busca dirección en su vida.
  • Una iglesia donde la niñez que llegue sea tratada como parte integrante de la misma; que se escuchen niñas y niños jugar y llorar en el santuario, que las madres y los padres se sienten en la libertad de correr tras sus hijas e hijos, donde la voz de la niñez es celebrada, escuchada y empoderada.
  • Una iglesia donde la mesa esté abierta; donde el pan y el vino nunca se acaben ni estén restringidos solo para un grupo; donde regularmente se invite a la gente a participar de la mesa de gratitud – eucharistía – y donde el llamado a compartir esta mesa sea contextualizado para el momento en que se vive; donde los elementos reflejen las comunidades donde se celebra, o sea, que no sea solo pan y vino, pero tortillas y tostones y pan dulce y casabe y jugo de naranja y de jamaica y de coco y café y mate y…
  • Una iglesia donde se sienta el Espíritu vivo de Jesús.

En fin, no sé si esta iglesia llegue a existir, pero espero que alguien por ahí escuche y, si es posible, que acepte el llamado de comenzar a hacer realidad la iglesia que sueño.

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