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Después del Huracán

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Mi abuela Margot y mi abuelo Quino vivían justo frente al Río Guayo. El puente que une a la municipalidad de Adjuntas con la municipalidad de Lares está justo frente al que fuera su hogar. Era en este río en el que nos bañábamos en el verano. Cuando pasaba el huracán, era en este río donde nos hacíamos más familia y más comunidad.

Dice el dicho que después de la tormenta, viene la calma. Esto es quizás así; pero después de la tormenta también vienen los desafíos de cómo vivir sin las necesidades básicas a las que nos hemos acostumbrado. Después de la tormenta también vienen los días sin luz, sin agua, con comida limitada… vienen los días largos sin saber cuánto tiempo será antes de que la vida vuelva a la normalidad. Después de la tormenta viene el resuelve, como le llamamos en mi pueblo.

No es secreto que cada vez que hace un viento fuerte, la frágil infraestructura de Puerto Rico sufre. En mi barrio, digo yo que cada vez que alguien destornuda duro, la luz se va. El agua potable también es un reto. Esa viene cada dos días; a veces un poco menos seguida. Prácticamente casa cuenta con sus tanques de agua para recolectarla cuando está disponible y así mantener el suministro cuando se vuelva a ir. Cuando chiquito, teníamos acceso a una quebrada de la cual sacábamos agua para tomar. El agua para uso diario la traíamos también de allí, pero por tubos y con bomba que mi papá instaló. Había conexión al sistema de la AAA , pero no dependíamos de ella para abastecernos de agua.

Recuerdo que después de los huracanes, cuando tanto la luz como el agua se iban por semanas, trasladábamos algunas de nuestras rutinas diarias al Río Guayo. Allí, debajo del puente que une a Adjuntas con Lares, un grupo de mujeres – la mayoría de mi familia – sacaba barras de jabones, paletas, cestos y tablas para lavar ropa. Sentadas en piedras o en banquitos que sus maridos le hacían, las mujeres comenzaban a lavar las ropas de sus familias. Con cada estrujada de ropa, con cada movimiento de limpieza, comenzaban los chistes, las carcajadas, las noticias del día y los chismes de barrio. Con cada pieza lavada, se enteraba uno de los planes para las comidas comunitarias de más tarde, de las posibilidades de que la luz y el agua llegaran más tarde de lo esperado, o de dónde ya estaban vendiendo pan caliente…

La niñez recorría el puente y nos tirábamos al río. Las madres nos gritaban que nos quedáramos quietos porque algo nos podía pasar. Algún niño o alguna niña, siempre, nos arruinaba el día cayéndose entre las piedras y abriéndose alguna herida. En ese momento se paraban todas las actividades para darle consuelo primero y un buen regaño después – o quizás era al revés, no recuerdo – al niño o la niña lastimada.

Los maridos, mientras las mujeres limpiaban las ropas, se iban a seguir limpiando los caminos. Vivir en el campo significa dos cosas: siempre hay mucho árbol en la carretera cuando pasa una tormenta, y los caminos no han sido construidos de la mejor manera así que siempre estarán en necesidad de reparación. Recuerdo que mi papá se llevaba la guagua pick-up, su machete, su sierra y cualquier otra herramienta que fuera útil, coordinaba con otros y se iban por caminos que sabían que los gobiernos municipales y estatales no les darían atención. Así era como comenzaban a ayudar a que los vecinos se conectaran. Después del huracán, la comunidad se juntaba para levantarse.

En algún momento del día, cuando ya las ropas estaban limpias, se reunían las mujeres para cocinar. Las ollas eran de tamaño enorme, como para alimentar a un ejército. Se cocinaba lo que hubiese: arroz, habichuelas, gandules, bruquenas del río, chopas del lago, pollos, puerco, guineos, ñames, yahutía, malanga, chayotes, plátanos, huevos… En fin, lo que hubiese por allí se hacía de comida para todos y todas. Después de la comida salían las sillas y las mesas, el juego de dominó estaba listo. Esta era la parte favorita de mi abuela paterna: el juego de dominó. No había en todo Castañer una persona más fanática del dominó que mi abuela Margot. Sus hijos e hijas le temían en la mesa. Ninguna o ninguno la querían tener como pareja de juego, porque si perdías la mano de dominó, ella te desheredaba. ¡Doña Margot no jugaba con su dominó! Abuela gritaba, se emocionaba, se vivía el juego desde el comienzo. Verla jugar dominó con una estrategia nítida, desarrollada por años de devoción a su juego favorito, era toda una experiencia.

Para mí, de niño, el tiempo después del huracán era más como una película de acción y de aventura. Era el tiempo en que la familia y la comunidad se unían. Era el tiempo de jugar debajo del puente del Río Guayo y comer en familia. Era el tiempo de ver las estrellas en el cielo al final del día, cuando se abría el firmamento y se iluminaba el cielo raso con un millón de estrellitas que nos recordaban tanto la fuerza de la naturaleza como el tesón de un pueblo que se levanta su dolor para alcanzarlas.

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While Waiting for News of My Family After Hurricane Maria

69735502People have asked me how I’ve been able to function these past few days. It has not been easy. My parents, sister, and I had been estranged for years. When I was diagnosed with cancer, they reached out. My husband and I visited with them for the first time on December 25th for their Christmas party. We’ve been in communication ever since.

As the hurricane approached, we stayed in communication through text. Then I called a few days before to check up on them. My mom was calmed and not too worried. Cellphone signal had came back just the day before I called. They still had no power in the neighborhood, but the water was back. They were prepared; they had water, food, fuel, and an electric plant. My sister – who works for the Department of the Family of the Commonwealth – had visited a shelter and checked up on her clients. They were ready to face the hurricane. The last I heard from my mom was a reply to my text saying: “yes, I am calmed.”

Those are the last few words I have from my family. I have not heard from them yet.

I have read news reports that tell me my neighborhood is fine and that there are no registered deaths in my hometown as of today. I read about the efforts to clear the roads and make sure that people have access to larger towns to get supplies. But there are no ways to get in touch with the outside world. How does the word go out about what’s happening? People from the metro area in San Juan who have family in Adjuntas go down to check up on them and then share what they had seen and heard on social media as the limited access to cellphone coverage allows them to.

But now going back to the question: How have I been able to function?

I have compartmentalized my self. Having to communicate in English helps. It is not my language. It is not my soul. It is not what connects me emotionally to the world. I focused on the tasks. I focused on the routine (of not having a routine), and pay attention only to the work in front of me. I have the news in the background and read the texts and news that I get constantly. But those are in español, those do not belong to the workplace. Those belong to mí.

I have compartmentalized my life in the past few days. Sure, I have shared news with coworkers and friends who ask. I have even shed a tear or two while doing so. I have tried to perform what is asked of me by the US society: calmness, be collected, show little emotion when talking about such things, etc. Like always, I have learned how to perform according to the social rules of the social mores of the society I live in. I have completely disconnected myself from all, creating walls that separate the mí from the me.

When I am home, or when I am speaking with a close friend, or when I am alone in my office and listening to the news, I cry. I let it all go and finally feel mí.

I know that my family is fine. Something within me tells me so. I also know that it will be probably weeks before I hear from them. I, too, am from those areas in the world where nobody cares about you; where the government has nothing to gain but votes every so often, where “charities” have no good faces or locations for photo-ops. I am from the place where the only thing that helps us is ourselves: the community who stands up, puts on their boots, picks up their machetes, brave the remainder rain and winds, and goes out to join one by one as they clear paths and help restore their comunidad. That resiliency is what helps me function. I am a jíbaro, and jíbaros don’t give up.

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I March For My Niece

My niece, Emely, is nine years old. She is bright, and funny, and loves to read, and loves math, and wants to become a singer and actress. A couple of years ago she had a list of books she wanted me to buy for her. Of course, as a bibliophile, I complied and bought all the books she asked me for and more. When I visited her again, she told me about one of the books I had given her.img_7249

I still remember when Emely started school. Since Emely grew up in a Spanish-speaking household, when she started school she didn’t speak English. She learned the language from her teachers and her classmates. On one occasion, when I asked her to speak Spanish with us and use English for other conversations in order to help her stay bilingual, she said something that shook me to my core. “Spanish is UUUUGLY!” she said. With a heavy heart, I asked her why she said that. She said that everyone in school said it. Spanish is ugly. English is beautiful.

I have talked with Emely about the importance of learning as many languages as she can. I have told her about the importance of using both English and Spanish to communicate, and to take any opportunity she might have in the future at school to learn other languages. I have told her how proud we are of her. I have continued to make sure that she is proud of her Mexican heritage and that she understands what it means to be a USAmerican too. I have shared with her my own Puerto Rican culture and heritage and have encouraged her to adopt what she might want to adopt from it. I have shared with her how wonderful it is to have a non-traditional family, and what a blessing it is that she has a wonderful, supportive, caring mother, and two dads, and so many uncles and aunts, and siblings who live in different homes, and a madrina and a padrino who care deeply for her.

img_7149Today, as a white supremacist, xenophobe, and sexual predator took the oath of office as President, I worry about Emely and her future as a Latina woman growing up in the USA. I know I cannot protect Emely or her brother all the time. I also know that her parents’ immigration status prevents them from providing all the protections that she – both of them, my niece and my nephew – deserve. But there are some things I can do. I can join the RESISTANCE and stand up for my niece.

And so, Emely, I will march tomorrow, Saturday, January 21st. Emely, I will answer the invitation from other women around the USA and the world to stand up to injustices against women. Even though you might be too young to understand, I will march because I love you, because I respect you, and because I believe in you as a woman.

There are also other reasons why I march in solidarity with my niece tomorrow. These are not the only ones, but here are some reasons to march:

I march because I believe that my niece Emely’s brown body is hers and only hers. No one, no matter what position of authority they might have, even if it’s the Presidency of the USA, has the right to touch your brown body, let alone grab it violently and without permission.

I march because I believe that you have the right to education, and that you have the right to make choices as to how far you want to take your education and what profession to pursue or not pursue. You have the right to access a job that is suitable to your abilities and your passions, and to be paid fairly and at the same rate than any male who will do the same job.img_9337

I march because, when the time comes for you to make choices about your body, it should be you, and only you, who make those decisions. Because your brown body is yours and deserves to be respected and honored. Because your brown skin is beautiful, and normal, and is neither “exotic” nor a stereotype to be paraded at the whim of those with power.

I march because I know that your parents can’t be exposed to deportation and because I want to continue being your uncle, not having to be your foster parent should something were to happen to my brother- and sister-in-law.

I march because I believe that, although you have been raised Roman Catholic, you should have the right to make the decision that makes YOU comfortable. I march because, if in the future you want to wear a hijab, you should be able to do it without fear of intimidation. I march because if in the future you choose not to believe in anything, you should not be punished for having no religion.

I march because I believe that you should feel safe in wearing whatever the hell you want to wear in public. I march because I believe that you should feel safe walking down the street and that no one should be cat-calling you, or intimidating you, or threatening your life and safety.

I march because I believe that you should be free to choose to love whomever you want to love, just as I love your uncle who gave me the blessing of being welcomed by this wonderful family that now both you and I, as outsiders, call “nuestra familia.” I march because I believe that you should love as many people as you wish to love and not being condemn for it.

I march because, if I march today, I know… I know… that by the time your Quinceañera comes, this will be a safer place for you and all your loved ones.

I could continue listing reasons to march, Emely, but I can’t. My eyes are filled with tears – you know how much I cry – and I can’t write anymore. But be sure, sobrina, I will march for you. I march for you, mi querida sobrina. I march because I know that staying home is not an option.

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Los callos de mis manos

Hace ya varios meses estoy yendo al gimnasio. Por razones de salud no puedo hacer ejercicios cardiovasculares (cardio) que requieran que mi corazón se acelere mucho. Así que mi entrenador sugirió que hiciera levantamiento de pesas en su lugar. Ya van varios meses levantando pesas. Siendo que no utilizo guantes, he notado cómo mis manos se comienzan a llenar de callos.

De pequeño, mi papá me llevaba a la finca para ayudarle. Tenía mis herramientas propias para trabajar: mi canastita de mimbre para el café y mi pequeño machete para enfrentarme a las yerbas que crecían impávidas por todos lados. Para quien no ha crecido en la finca, en el campo, esta vida es romantizada.

Todo escrito que he leído donde el ambiente es el campo, nos hacen pensar que esto es el idilio. Levantarse temprano, trabajar la tierra, producir nuestro propio alimento con el sudor de nuestra propia frente. Todo muy bonito y romantizado, como he escrito, pero nada de verdad.

La verdad es que esto es trabajo duro. Es fuerte. Es trabajo que, para el niño que era, no se sentía ni romántico ni satisfactorio. Aunque no creo que mi papá nunca se haya arrepentido de haber trabajado la tierra, la verdad es que él mismo nos repetía una y otra vez, la necesidad de estudiar para poder salir del campo. Tener una carrera y bc20ee0e87b18cbfe71303719e126ee4un trabajo estable. La vida en el campo y el trabajo de la finca son duros.

El tomar el pequeño machete me creaba callos en mis manos. Recuerdo que detestaba verme las manos al final del día y sentir la protuberancia que se convertiría en una ampolla de agua y que luego dejaría a su vez una marca callosa. Recuerdo el no querer ni siquiera mirar mis manos para no darme cuenta de esta horrorosa realidad que me marcaba como niño pobre, como niño del campo, como niño jíbaro…
Me ha parecido interesante que ahora, cuando ya estoy adulto y tengo más o menos la misma edad que tenía mi papá cuando me llevaba con él a la finca, mi comprensión de los callos en mis manos es diferente. Ahora, aunque no tengo callos por las mismas razones, veo mis manos y recuerdo a mi papá. Recuerdo el machetito que yo usaba para cortar las yerbas del patio y de la finca. Recuerdo los granos del café, color del rubí, cuando recolectábamos los granos en las cestas de mimbre. Recuerdo el levantarme temprano – quejándome, no queriendo ir – para llenarnos del sereno de la madrugada mientras subíamos y bajábamos cerros para encontrar los arbustos más llenos de los granos de café. Recuerdo las manos de mi papá, acariciándonos con cariño por el trabajo completado, por haberle acompañado, por hacerle sentir orgulloso. Recuerdo sus manos callosas sobre las mías, recordándome la importancia de los estudios para que no tuviese que vivir toda la vida en la finca.

Ahora, los callos de mis manos, aunque no vienen de las mismas tareas, me recuerdan a mi procedencia campesina. Soy parte de esa jaibería boricua que salió de las montañas, también llenas de callos y de cicatrices en sus tierras…

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Recuerdos del Día de Reyes Magos

Me parece que en la adultez, todas las historias que contamos comienzan con las mismas palabras: “recuerdo cuando era pequeño…” Quizás es porque las memorias son lo único que nos quedan de días pasados; días que, si no mejores – porque ningún tiempo pasado fue mejor, sino que es mejor solo el recuerdo – por lo menos fueron suficientemente gratos para guardar en algún rincón de nuestras mentes.

Esta historia también comienza como las demás. Recuerdo cuando era pequeño la gran emoción que el Día de los Reyes Magos traía consigo. Recuerdo la noche anterior, cuando en aquella casita con los bloques de cemento expuestos, la que nunca se terminó de construir y quedaba en medio de los cafetales del barrio Guayabo Dulce de Adjuntas, mi hermana y yo salíamos a recoger la yerba pa’ los camellos. Recuerdo cuando pasábamos bastante tiempo buscando esa yerba, porque tenía que ser la mejor. Después de todo, los Reyes y sus camellos venían del Lejano Oriente. Me enteré, en alguna conversación con mi mamá, que “Lejano Oriente” era Arabia. Recuerdo también que no tenía idea de qué significaban esas cosas, pero el mismo nombre del lugar del cual venían los Reyes decía que era lejano, así que entendía que tanto camellos como reyes habrían de estar hambrientos cuando llegaran a tan remoto lugar de la Isla. Lo que no recuerdo es el por qué solo poníamos yerba pa’ los camellos pero nunca le dejamos nada a los reyes. “Son magos” imagino que diría mi mamá. Con magia no se necesita comer, me imagino.

Recuerdo que llegando noviembre ya buscábamos la mejor caja de zapatos para poner la yerba de los camellos. Recuerdo que siempre tenía que ser una caja de zapatos aunque no recuerdo el por qué. Como sabemos, los recuerdos son selectivos. Recordamos aquello que nos interesa recordar. Aun así, recordamos aquello que nos interesa de la manera que nos interesa.

Recuerdo que la noche anterior al Día de Reyes, dejábamos las cajitas de zapatos debajo de la cama que alguna vez fue cuna, pero ya no tenía las barras de los lados que me mantuvieron seguro cuando todavía la cama funcionaba como cuna. Teníamos la ilusión de que los Reyes trajeran algo; que dejaran sus preciados regalos debajo de la cama y que nos sorprendieran con aquello que habíamos pedido. Recuerdo que mis listas siempre incluían lo siguiente: libros, pintura, una enciclopedia, un microscopio, una colección de rocas, algún cuadro de un pintor puertorriqueño famoso (en aquellos tiempos todavía no era feminista y solo pedía cosas hechas por hombres. Fue hasta mucho después que descubrí que las mujeres también pintaban, también escribían, también volaban a la luna…)

Recuerdo también que el Día de Reyes me despertaba emocionado y al mirar debajo de la cama, siempre había algo. Recuerdo que nunca lo que hubo debajo de la cama era lo que pedía; nunca encontré un libro, un cuadro o un microscopio. Recuerdo que la ilusión no se detenía y a pesar de que lo que llegaba no era lo que pedía, me sentía especial porque los Reyes Magos no se olvidaron de mí y de mi hermana. ¡Siempre llegaba algo! Recuerdo que la mayoría de las veces, lo que nos llegaban eran simples regalos que habíamos visto en alguna vitrina de las tiendas de Yauco cuando visitábamos a madrina Carmita y a titi Betsy. ¿Cómo sabían los reyes comparar en esas tiendas? ¿Cómo nadie nunca los veía recorrer el Paseo del Café en el centro del pueblo? Nunca se me ocurrió preguntar; o quizás pregunté pero no recuerdo.

Recuerdo también que el Día de Reyes, luego de abrir nuestros regalos y de compartir la emoción, nos montábamos en cualquiera que fuera el carro que mi papá tenía esa semana y nos dirigíamos al barrio Guayo, a casa de mi abuelo Quino y mi abuela Margot. Allí, junto a mis primas y primos, esperábamos por la cabalgata de Reyes Magos que siempre pasaba por la casa. Era parte de su ruta hacia el parque en Castañer, donde el Hospital General recibiría a todo el niñerío de Castañer para repartir regalos y dulces y para que disfrutáramos de este día mágico. Recuerdo que cuando los Reyes cabalgaban frente a casa de abuela y abuelo, nos tiraban dulces desde sus caballos. ¡Qué emoción sentíamos! ¡Qué maravilla el ver los Reyes, los Tres Santos Reyes Melchor, Gaspar y Baltazar, pasar justo frente a casa de abuelo y abuela! La cabalgata seguía por la carretera paralela al río Guayo, la misma carretera que pasaba por el Hospital Viejo y que llegaba al puente Cifontes y cruzaba de Adjuntas a tierras de Lares. Recuerdo cómo en ocasiones seguíamos la cabalgata hasta el parque de béisbol en Castañer. En ese tiempo no había plaza pública en el poblado, solo unos inmensos árboles de maga entre la escuela elemental y las tiendas del otro lado.

Recuerdo cómo nos arremolinábamos para recoger nuestros regalos de Reyes Magos del camión que el Hospital rentaba para traerlos. No había una niña o un niño en Castañer que se quedara sin regalo. En un poblado tan pequeño, todo el mundo se conoce y Mingo Monroig, el administrador del hospital, conocía cada familia, cada niña, cada niño y adolescente de Castañer. Recuerdo que después que los regalos se repartían, empezaba la música y el jolgorio, porque las Navidades no han terminado todavía el 6 de enero. ¡Qué va! Las Navidades están en todo su esplendor todavía y después del Día de Reyes vienen las Octavitas y continúan las parrandas. Recuerdo cómo seguíamos jugando con nuestros juguetes por varios días. Recuerdo que la escuela no comenzaba sino hasta mediados de enero porque había que darle espacio al estudiantado a jugar con sus regalos de Reyes Magos.

Ahora, también recuerdo cuando todo comenzó a cambiar… Pero esos son recuerdos que prefiero no tener hoy. Hoy, seguiré recordando el Día de Reyes Magos con la ilusión del niño que fui y que todavía se emociona cada vez que viene el 6 de enero. Seguiré recordando los regalos y la yerba y los primos y la familia y la cabalgata y el parque lleno de bache donde celebrábamos. Seguiré recordando a Guayabo Dulce y a Guayo y a Castañer. Seguiré recordando los cafetales y el rio Guayo y el puente Cifontes y la casita sin terminar y la cuna convertida en cama. Seguiré recordando que el Día de Reyes es mi día favorito del año y el que más me gusta de las Navidades. Seguiré recordando que, aunque esté lejos y ya no tengo ni tiempo de celebrar este día, el Día de Reyes Magos me hace el boricua que soy.

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La iglesia sodomita

En tiempos recientes no se usa mucho, pero en tiempos pasados era la norma. Aunque aún queda en la jerga legal el término “sodomía”, la verdad es que a la comunidad gay masculina no se le llama “sodomita” muy de seguido. Es de esperarse que ya no se le llame al hombre gay “sodomita”, puesto que la historia de Sodoma y Gomorra nada tiene que ver con la orientación sexual. Pero vamos, que me estoy adelantando a la discusión. La verdad es que la Iglesia – y hablo de la Iglesia con mayúscula, o sea, la comunidad religiosa sin importar su denominación – denuncia la orientación sexual no heterosexual como pecaminosa, sin darse cuenta que al hacerlo, se convierte, precisamente, en una Iglesia sodomita.

No quiero aburrir a mis lectoras y lectores con largas ponencias teológicas ni con apologías. Solo quiero señalar algunas cosas que, en su ceguera conservadora y fundamentalista, muchas personas ni se han dado cuenta. Lo gracioso es que son las mismas personas que gritan a los cuatro vientos que la Biblia es la palabra inerrante de Dios, que debem701070402_origos tomarla a la letra y que es necesario el creer cada palabra allí citada como inspirada sin error por el Espíritu Santo para alcanzar la vida eterna quienes no le han puesto atención a las historias de la Biblia ni a sus interpretaciones… ¡según aparecen en la Biblia misma! Así que aquí les va un poquito de iluminación, para ver si en algún momento se les prende el bombillo y deciden estudiar la Biblia de verdad.

Pues comencemos por el principio: la historia bíblica de Sodoma y Gomorra. La misma la encontramos en el libro de Génesis 18.16-19.38. En resumen, esto es lo que ocurre: Dios visita a Abraham y le indica que ha visto la maldad de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Lot, el sobrino de Abraham, vive en Sodoma con su esposa y dos hijas. Abraham, preocupado por el bienestar de su sobrino y su familia, decide interceder por Lot. Dios promete a Abraham que si encuentra el mínimo de personas sin pecado en Sodoma y Gomorra, no destruirá las ciudades.

Cuando Dios miró de nuevo a las ciudades de Sodoma y Gomorra, la maldad era tal, que decidió destruirlas de todas maneras. Así que envió mensajeros a Lot y su familia para que abandonaran la ciudad y se salvaran. En el momento en que los visitantes llegan a la casa de Lot, el rumor pasa a oídos de la gente de Sodoma y Gomorra – o sea, los sodomitas y gomorritas – éstos salieron para intimidar a los visitantes.

Hay varias cosas importantes en la historia de Sodoma y Gomorra que los supuestos literalistas bíblicos prefieren no leer. También hay elementos en la historia que no pueden leerse fuera del contexto de las leyes levíticas bíblicas, algo que los literalistas – quienes dicen que hay que tomar TODA la Biblia de manera literal, que hay que prestarle atención a cada letra, cada palabra, cada oración – no hacen o no quieren hacer. Así que quisiera presentar mis argumentos para demostrar, de una vez y por todas, que los sodomitas (y gomorritas) de la modernidad son, en específico, quienes más condenan a las comunidades gay, lesbiana, bisexual y transgénero.

¿Por qué hago esto? Sencillo. Primero, porque es algo de lo que casi no se ha escrito en español. Existen miles de ensayos, libros y recursos en inglés sobre este tema, pero muy poco existe en español. Segundo, lo poco que existe en español, en su mayoría, son traducciones de los trabajos en inglés (u otras lenguas) por lo que no está escrito desde la realidad del pueblo hispanohablante. Tercero, porque es un tema que me toca personalmente como persona que profesa la fe cristiana, dentro de su forma protestante y de la tradición bautista. Además, finalmente, como hombre gay y miembro del clero, es importante para mí que temas como este se desarrollen puesto que, como dice la Biblia “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4.6a) O, como nos recuerda de nuevo Dios en el libro de Isaías 5.13, “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.” Así que, con gusto comparto algo de conocimiento sobre la Biblia con quienes dicen haberla leído y seguir sus estatutos pero que dejan ver su ignorancia acerca del texto sagrado.

Ahora démosle una lectura seria al texto de la historia de Sodoma y Gomorra y lo que la misma Biblia dice sobre ella.

Aunque no pretendo dar una lectura completa, hermenéutica o apologética – o sea, esto no es un ensayo teológico, sino un corto ensayo expositivo – quiero hacer referencias a algunos puntos que los literalistas prefieren obviar cuando leen la historia de Sodoma y Gomorra.

Primero, tenemos que tener en cuenta las costumbres semíticas con respecto a la hospitalidad. Viviendo en lugares desiertos, donde la vida de cualquier persona corre peligro ya sea por la falta de agua, por el calor o por los animales y plantas venenosas del desierto, el mostrar hospitalidad es sumamente importante en la cultura semítica. La Biblia contiene leyes bien específicas acerca de cómo tratar a los extranjeros y las extranjeras que viven entre el pueblo hebreo. Una mirada rápida al Pentateuco nos ofrece una clara evidencia de la forma en que Dios le pide al pueblo que trate a personas extranjeras que vivan o visiten entre el pueblo de Israel. Y, como a los literalistas les gusta mucho el arrojar versículos bíblicos a diestra y siniestra, aquí les tengo algunos con respecto a las leyes de hospitalidad: Éxodo 12.49; 22.21; 23.9; Levítico 19.10, 33-34; 23.22; 24.22; 25.6, 23, 35, 47; Números 9.14; 15.14-16, 26, 29; Deuteronomio 1.16; 10.18-19; 14.29; 16.11, 14; 23.7; 24.14, 17, 19-21, 26.11-13; 27.19. Aunque estas leyes fueron codificadas mucho después de los sucesos de Sodoma y Gomorra, nos ofrecen una visión de lo importante que era – y es – para Dios el proteger a quienes son extranjeros en tierras extrañas.

Cuando los visitantes llegaron a casa de la familia de Lot, el pueblo de Sodoma salió de manera violenta a recibir a los extranjeros. Ciertamente, el pueblo de Sodoma (y de Gomorra) no era parte de quienes llegaría a ser el pueblo de Israel, pero entre ellos vivía Lot y su familia, que, por acción del pacto de Dios con Abraham y Sarah, eran parte del pueblo que Dios escogió para revelarse a sí mismo.

Segundo – y aquí lo más importante de la historia – es que las referencias bíblicas con respecto al pecado de Sodoma y Gomorra es contundente. ¡Nada que ver con homosexualidad! Sí, hay pecado de inmoralidad sexual, pero no es el que los literalistas quieren imponer al texto. ¡El pecado de inmoralidad sexual lo comete Lot! ¿Cómo? Pues así mismo como lee. El pecado de inmoralidad sexual lo comete Lot al ofrecer sus propias hijas a la multitud para que las violen. ¿No han leído esto los literalistas en la historia? Pues le cito, según Génesis 19.6-8: “Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo: ‘Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.’” En ningún momento se nos dice cuál era la intención de la multitud con respecto a los ángeles que vinieron a visitar a Lot. La verdad es que no sabemos si la intención era de violarles, de pegarles o de maltratarles; pero de todas maneras, podemos inferir que la intención no era tratarles bien, sino humillarles. Entonces Lot, en se desesperación de que sus huéspedes no sean maltratados, ¡ofrece a sus propias hijas para que sean maltratadas! ¿Cuántos literalistas hablan acerca de estas acciones de Lot? Ninguno. O por lo menos, no he escuchado a ningún literalista condenar a Lot.

Ahora, veamos lo que la misma Biblia nos dice que es el pecado de Sodoma y de su hermana Gomorra… (Si quieren, aquí pueden escuchar los tambores… porque es una de esas revelaciones que, como dicen en mi país, “se cae de la mata”, pero que nadie lee.) Según Ezequiel 16.49-50, Dios mismo nos dice que esta fue la maldad de Sodoma: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” Les cito los pecados: soberbia, saciedad de pan, abundancia de ociosidad, no fortalecer la mano del afligido y el menesteroso y abominación. (Y aquí, recordemos que “abominación”, según la Biblia, puede ser cualquier cosa desde no limpiarse correctamente, según Levítico 7.21 hasta adorar ídolos según Deuteronomio 7.25).

Es interesante que en una de las instancias en que Jesús utiliza el ejemplo de Sodoma y Gomorra según lo leemos en Marcos 6.7-13, es en el contexto de que sus seguidores no sean recibidos de buena manera en tierras extranjeras. O sea, ¡que el mismo Jesús sabía que el pecado de Sodoma y Gomorra fue la inhospitalidad!

Como dije al principio, este no es un ensayo teológico hermenéutico o apologético, solamente un ensayo expositivo para dejarle saber a los literalistas lo alejados que están sobre la lectura del texto. Así que, entendiendo que podríamos escribir muchos otros ensayos sobre el tema, me adelanto a compartir algunas conclusiones con mis lectoras y lectores.

Entre las conclusiones a las que he llegado al prestarle atención al texto están las siguientes:

  1. La iglesia cristiana contemporánea, en especial la mayoría de las comunidades evangélicas y fundamentalistas, son el vivo ejemplo de sodomía. En ellas no se permiten personas ajenas a su grey (extranjeros y extranjeras). Las mismas no comparten la mesa con quien viene en busca de pan y vino (muchas mantienen la mesa de comunión cerrada, vetada a quienes no sean parte de las congregaciones o denominaciones particulares). Muchas de estas comunidades son soberbias, predicando que ellas, y solo ellas, tienen la verdad inalienable de Dios. Además, practican la abominación de idolatría, al poner a la Biblia – una creación humana – por encima de Dios, de la revelación de Dios en Jesucristo y de la dirección del Espíritu Santo, quien es responsable de “guiarnos a toda verdad” según nos dice Jesús en Juan 16.13.
  2. La iglesia cristiana contemporánea – otra vez, en especial las comunidades evangélicas y fundamentalistas – no son literalistas. Sus líderes y miembros NO toman la Biblia de manera literal. Por el contrario, estas comunidades leen sus propios prejuicios en cada historia bíblica, sin prestar atención a la dirección del Espíritu Santo ni de la historia del pueblo que nos dio las Sagradas Escrituras. De hecho, no hay tal cosa como “interpretación literal” de ningún texto. Toda persona que lee, lo hace desde una realidad histórica, social, religiosa, económica, familiar, geográfica y tantas circunstancias que nos hacen seres humanos.
  3. La iglesia cristiana contemporánea es hipócrita, pues utiliza sus propias bíblicas para imponer sus creencias sobre otras personas, en vez de permitir que sea Dios, a través del Espíritu Santo, quien dirija a los individuos a una lectura bíblica que nos acerque a Dios.
  4. Finalmente, la iglesia cristiana contemporánea, en especial las comunidades evangélicas y fundamentalistas, al tratar de imponer sus propias lecturas al texto bíblico, no dejar que el Espíritu sea quien les dirija y querer añadir y quitar cosas del texto de manera indiscriminada, están cometiendo el pecado que tanto aborrecen: quitar y añadir a la Biblia. Como nos dicen las Sagradas Escrituras, en Deuteronomio 12.32: “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.” Y luego nos repite en Apocalipsis 22.19: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” Así que, ¿qué esperan estas comunidades para arrepentirse, para mirar de nuevo a Dios y pedir perdón por sus pecados de sodomía e idolatría y reconciliarse con el Creador? Les insto a reconsiderar sus caminos sodomitas pecaminosos y abrir las puertas de sus iglesias y de sus corazones a recibir a toda la creación de Dios (Romanos 8.22-23), y de esta manera cumplir el sueño de Dios de crear un cielo nuevo y una tierra nueva donde “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21.2)

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Seeing God in Abuela

When my father and my mother forsake me, then the Lord will take me up.
Psalm 27.10, KJV

My abuela Palmira left this world on March 30th, 2014. She was the last one of my grandparents to leave us. I had been blessed with three sets of grandparents as my father had two sets of parents, his birth parents, abuelo Quino and abuela Margot, and the couple of welcomed him into their family when he was quite young and working away from his hometown, abuelo Jobito and abuela Ester. My maternal grandfather, abuelo Juanito, left us when I was 8 years old but I still remember him very well. Every Sunday afternoon, when the family gathered at their home, he would sit on his rocking chair and tell us funny stories that would make us laugh for hours. Abuela Palmira would stand next to him and laugh with all of us.

Abuela Palmira   There was something peculiar about my maternal grandparents. They practiced Spiritism, a religion in which every human being is of sacred worth and where spirits guide us to be in communion with the Great Spirit that is sometimes called God. At their home, everyone was welcomed and celebrated. They never rejected anyone. My grandparents believed in serving everyone and in welcoming everyone without distinction. Although I was too young when my grandfather died and thus not even aware of my own sexual orientation, I know that my grandfather would have accepted me and celebrated me. My grandmother, however, had the chance to know who I am as a whole person and she always, without doubt and without excuses, celebrated me for who I am.

When I think about abuela Palmira, the verse that always comes to mind is that of Psalm 27.10: “When my father and my mother forsake me, then the Lord will take me up.” When my parents rejected me for being queer, it was abuela who welcomed me. She always supported me and celebrated my life. When I introduced her to my now husband, I was told that she spent months telling everyone who would listen about the wonderful man I had met. Recently, while talking with an aunt, she told me how they found among abuela’s personal items the wedding invitation I had sent her for my marriage. I knew she would not be able to attend my wedding due to health problems, but she had kept that invitation as an important memento. Through these actions, I can say that abuela embodied the Holy One in my life. Thus, when my parents disowned me, God took me up through the love, support and affirmation of my abuela Palmira.

The Sunday before abuela departed this world, my husband and I spent time with her. We had been in Puerto Rico for vacation, and of course I had to go visit abuela. She made us laugh with her witty remarks. This was abuela. She was always making jokes and laughing about things, even when her health wasn’t the best, she always found joy in living. I am not naïve to say that she was perfect, because none of us are. She had her flaws and made mistakes like the rest of us. But her love and support meant the world to me, and it is those values that will stay with me throughout my life. Her love, her support, her laughter that last time I saw her will always be the manifestation of God in my life. I will keep her memory alive as long as I live and I will always share with the world the values that she shared with me.

Abuela Palmira, you are now gone from us, as you would have said, you are now “unfleshed”, but your spirit will continue to guide me just as the spirit of abuelo Juanito has never left me. Gracias por todo, abuelita.

 

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