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Vigil For LGBTQ Orlando Victims — Vigilia por las víctimas LGBTQ de Orlando

I shared these words with the Madison community during a vigil in honor of the victims of the recent massacre in Orlando. | Compartí estas palabras con la comunidad de Madison durante una vigilia en honor a las víctimas de la reciente masacre en Orlando.


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Rainbow flag with the names of the victims of the Orlando massacre. | Arcoiris de banderas con los nombres de las víctimas de la masacre de Orlando.

Buenas tardes, y gracias por decir “presente” en esta vigilia de recordación de nuestros hermanos y hermanas en Orlando. Soy el Rvdo. J. Manny Santiago, director ejecutivo de “The Crossing” un ministerio ecuménico para estudiantes en la Universidad de Wisconsin – Madison. Estaré compartiendo con ustedes unas palabras en español y luego en inglés. | Good afternoon and thank you for being here at this vigil honoring the siblings we lost in Orlando. I am the Rev. J. Manny Santiago, Executive Director of The Crossing campus ministry at the UW-Madison. I will share some words in Spanish first and then in English.

Español

No es fácil para mí el encontrar las palabras para compartir con nuestra comunidad. Hay ocasiones en el ministerio cuando tragedias como la que hemos sufrido nos dejan así: sin palabras, con dolor, con furia y confusión. Al mismo tiempo, sabemos que necesitamos levantar nuestras voces, ya sea para animarnos los unos a los otros, para denunciar injusticias o, en ocasiones, hasta para cuestionar la bondad de Dios cuando solo que podemos ver es violencia y muerte. Todo eso es parte del proceso de duelo y nadie nos debe decir que no sintamos estas cosas. Para mí, he pasado por todas esas etapas en menos de una semana: he sentido dolor, rabia, miedo, confusión y hasta he cuestionado la bondad de Dios que sirvo.

¿Por qué? Pues porque la tragedia de Orlando me ha tocado muy de cerca. No solamente tengo familia en Orlando – algunos de los cuales asisten al Club Pulse de vez en cuando – sino que, igual que la mayoría de las víctimas, soy Latino, puertorriqueño y abiertamente gay. Sí, soy un hombre Latino, pastor y gay. Desde pequeño escuché que esas cosas no podrían vivir juntas en una sola persona. Ese discurso de odio y rechazo que escuché de pequeño en la Iglesia me llevó a cuestionar, no solo mi identidad, sino el mismo amor de Dios y mi familia. Hoy muchas personas – políticos, líderes religiosos, etc. – están tratando de borrar las identidades de las víctimas de la masacre de Orlando. No queremos reconocer que son personas LGBTQ, no queremos reconocer que en su mayoría eran Latinos, no queremos reconocer que había entre ellos personas sin documentos… Algunas personas incluso han intentado poner a nuestras comunidades Latinas o LGBTQ en contra de la comunidad Musulmana.

Para mí, como persona de fe, Latino, puertorriqueño, gay, quiero dejarle saber a todas las personas que estamos tratando de hacer sentido de la tragedia: no va a ser un proceso fácil. Necesitamos crear espacios para procesar el dolor, el miedo, e inclusive para cuestionar la bondad de Dios. Pero en ningún momento podemos dejar de luchar por la justicia, por la paz, por reformas legislativas que ayuden a las comunidades de minoría. Reconozcamos que, en especial en nuestras comunidades Latinas, es tiempo de rechazar el machismo, la homofobia, la violencia, el racismo, la islamofobia y el heterosexismo que tanto permea entre nosotros. Es tiempo de levantarnos en unidad, en honor a todas las victimas de tragedias como esta y decir: ¡BASTA!

Que el Dios que se revela de muchas formas y de muchos nombres nos llene de valor, de amor, de sabiduría y de paz para hacer el trabajo…

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English

It is not easy for me to find the words to share with you today. There are moments in ministry when tragedies like the one we have just witnessed leave us like this: without words, in pain, furious, and confused. At the same time, we know that we must lift up our voices, whether to support each other, to denounce injustices and even, on occasion, to question God’s goodness when the only thing we can see is violence and death. All this is part of the mourning process and nobody should tell us that we should not have these feelings. As for me, I have gone through all of these stages in the past week: I have been in pain, furious, scared, confused, and yes, I have questioned God’s goodness.

Why? Because the tragedy in Orlando is too close to me. I have family in Orlando – some of whom frequent Pulse Club – but also because, like the majority of the victims, I am Latino, Puerto Rican and openly queer. Yes, I am a gay, Latino pastor. Since childhood I’ve heard that these things cannot coexist. This discourse of hatred and rejection that I heard in Church brought me to question, not only my identity as a human being, but also God’s and my family’s love towards me. Today, many people – politicians and religious leaders in particular – are trying to erase the many identities that the victims embodied. Many do not want to recognize that the victims where LGBTQ, they do not want to recognize that the victims were Latino, they don’t want to recognize that among them there were people without proper documentation to work in the USA… Some have even tried to put our LGBTQ and Latino communities against the Muslim community.

As for me, as a person of faith, as a Latino, a Puerto Rican, and gay, I want to make it clear to all: trying to make sense of this tragedy will not be easy. We must build spaces to process the pain, the fear, and even to question God’s goodness. But under no circumstances must we stop working for justice, for peace, and for legislative reforms that would support minority communities. We, Latinos, must recognize that it is time to reject our machismo, our homophobia, our worshiping of death and violence, our Islamophobia, our racism, and our heterosexism. It is time to rise up, together, in honor of these victims and all the other victims of past violence, and say: ENOUGH!

May the God who is revealed in many forms grant us courage, and love, and wisdom, and peace for the work ahead of us…

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Yo también soy puertorriqueño

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Todo Cambia, Julio Numhauser

       Hace quince años, más o menos – con una pequeña interrupción en el 2011 – vivo en los Estados Unidos. La mayoría de este tiempo la he pasado entre estudios y trabajo. Ambos – tanto estudios como trabajo – han sido por lo general en contextos angloparlantes. Como estudiante, pasé cuatro años en la escuela graduada de teología, sumergido en clases todas en inglés, con libros en inglés – aun cuando el curso podría ser sobre teología latinoamericana –, escribiendo ensayos en inglés y asistiendo a servicios religiosos en inglés. Durante el tiempo que trabajé como pastor de congregaciones, la mayoría de estas congregaciones fueron angloparlantes. Aquí también tuve una interrupción, puesto que serví una congragación hispana en la ciudad de Nueva York. En esta congregación – y es importante que señale esto – la mayoría de las personas eran ecuatorianas, con una buena dosis de bolivianos, puertorriqueños, colombianos, cubanos, guatemaltecos, hondureños, peruanos y una persona mexicana.

Cuando era pequeño, recuerdo que a quienes se iban de Puerto Rico y regresaban eran vistos casi como “traidores a la patria”. Nadie decía nada abiertamente, es cierto, pero se les trataba como tal. “Ya te ves más blanca que una gringa”, le decían a algunas de mis tías cuando visitaba el poblado Castañer donde crecí. “¿Se te olvidó tan rápido el español?” le preguntaban a mis tíos que llevaban más de veinte años viviendo en Illinois o Nueva Jersey. “¿Es que no le enseñan español a esos nenes?” le preguntaban a tíos y tías cuando sus hijas e hijos batallaban para comunicarse con lo que aparentaba ser su poco vocabulario en español. Todas estas actitudes eran las que veía en mi propia familia. Pero estoy seguro que existían en otras familias también.

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Por mi parte, siempre pensé que irse de la Isla era como una traición. Sí, yo también lo pensaba. ¿Por qué se va la gente de este paraíso? ¿Por qué se retiran como si no pudieran hacer nada por este país y luego vienen con acentos, ropas diferentes, creyéndose más boricuas que aquellos que nos hemos quedado y queriendo tener injerencia en asuntos internos de la Isla que dejaron atrás? De verdad que no comprendía por qué las personas que salían de la Isla querían regresar con opiniones políticas y sociales; con expresiones culturales que eran ya irrelevantes a la realidad del momento en Puerto Rico; pero más que todo, con ese acento que ni era del todo español “boricua” ni inglés bien hablado. Me irritaba. Como siempre me he identificado como independentista, pues me irritaba más, porque pensaba que quienes se habían ido, no deberían tener la oportunidad de reclamar su puertorriqueñidad.
Eso es, hasta que me tocó a mí. Ahora soy yo quien está en el otro lado del discurso, como receptor de las críticas de amistades y enemistades que me piden que me quede callado cuando asuntos políticos, económicos, sociales y demás vienen a ser discutidos en el foro público puertorriqueño. Ahora soy yo de quien se burlan por un acento que algunas personas llaman “neutral” y que otras a quienes les interesa menos esconder su xenofobia llaman “mexicano”. Ahora es de mí de quien se dice que estoy “engringado” porque se me olvidan palabras y conceptos en el idioma de Cervantes y a veces mezclo el español con el inglés como la cosa más natural del mundo pero que es una aberración a los puristas boricuas que no pronuncian las “s” al final de las palabras y que arrastran las “r” como si estuvieran hablando francés, o, en la mayoría de los casos, las cambian por “l” aunque morfológicamente esté incorrecto…
Hay algo que entiendo ahora y que no entendía cuando era parte de los puristas puertorriqueñistas: la puertorriqueñidad – o cualquiera que sea la nacionalidad u originalidad de la persona – no tiene que ver con residir en el lugar, sino con las raíces que te unen a ese lugar. Por eso fui, soy y seguiré siendo puertorriqueño, con mancha de plátano incluida, no importa dónde resida ni cuánto tiempo pase fuera de la Isla. Como cantaba Mercedes Sosa – la argentina que vivió en el exilio en Francia y Esapaña hasta que pudo regresar a su amado país -: “Cambia, todo cambia; Pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor, de mi pueblo y de mi gente.” Y que valga decir que la canción fue escrita por un chileno, Julio Numhauser, quien también ha vivido en el exilio en Suecia desde que tuvo que abandonar su país durante la dictadura. Sí, todo cambia, pero no cambia el amor, el recuerdo, el interés, la pasión, el anhelo de mi gente y del país que me vio nacer y crecer. Miles de millas nos pueden separar, pero mi puertorriqueñidad no me la quita nadie; ni la realidad en la que vivo, ni los puristas puertorriqueñistas en la Isla.
Ciertamente, no fue la violencia militar la que me hizo salir de Puerto Rico. Al usar a Sosa y a Numhauser no quiero decir que mi situación haya sido idéntica. No lo fue. Aunque sí tuvo que ver la política con mi exilio. Pero lo que quiero demostrar al utilizar estos ejemplos es que toda persona que por cualquier razón deje a su patria para instalarse en otro lugar, sufre tanto de añoranza por su pueblo como de rechazo por parte de quienes, por cualquier razón, se han quedado.
Los medios de comunicación sociales nos permiten tener contacto constante con los países que hemos dejado. Esto también hace que nos mantengamos acercados a situaciones sociales, económicas, políticas y demás en nuestros países de origen. Si queremos aportar al discurso público en nuestros países, ¿por qué impedírnoslo? ¿Qué nos hace menos puertorriqueñas o puertorriqueños? ¿Quién dice que hemos dejado de interesarnos en el presente y el futuro de nuestra tierra? Los gobiernos (y no solo el de Puerto Rico) contrata servicios de consultoría de países extranjeros todo el tiempo. Esto lo hacen porque a veces el tener una perspectiva diferente, “desde afuera”, puede ayudar inmensamente en el desarrollo interno. Entonces, ¿por qué demandar que nos callemos quienes vivimos fuera de la tierra Borincana? Nuestra experiencia de vida en la Isla y fuera de ella es, creo yo, necesaria para el desarrollo del país. Esto no quita validez ni peso a las opiniones y las acciones de quienes todavía viven en Puerto Rico. Por el contrario, las fortalece.
Además de nuestra esto, lo cierto es que en el mundo globalizado en el que vivimos, todas las personas podemos hacer público nuestro sentimiento y nuestras posiciones con respecto a cualquier cosa de cualquier país. El hecho de que somos de un lado, de que vivimos en otro y de que hablemos diferentes idiomas no significa que no podemos entender la realidad de otros países u otras sociedades. Si no, ¿por qué tanta gente en Puerto Rico tiene opiniones e ideas de lo que debe hacerse en el Oriente Medio? O sea, según quienes nos critican por proponer ideas sobre la realidad actual de Puerto Rico, quienes vivimos fuera de la Isla “no tenemos vela en ese entierro”, pero lo mismo no le aplica a quienes viven en la Isla y tienen ideas de qué debe hacer el gobierno de Siria y las guerrillas ciudadanas. ¿Lógica etnocentrista?
Hay otro punto al que hice referencia al principio y quiero retomar; el acento. Quien ha salido de la burbuja San Juan-Bayamón-Guaynabo-Caguas (¡y mira que hay muchas personas que nunca han salido de allí!) sabrán que cada rincón de la Isla tiene su acentito. Unos más y otros menos, pero todos tenemos un acento regional. Recuerdo que cuando pequeño mi hermana y yo nos reíamos con la forma “cantadita” de hablar de nuestra familia de Morovis. ¡Morovis! Otro pueblo montañoso no tan diferente de Adjuntas donde crecí, pero con sus regionalismos y hasta su propio acento regional.
Tanto el jíbaro del campo como la señora de la loza tienen su acento particular. Cuando el jíbaro se muda pa’ la loza y la señora de la capital se muda pa’l campo, sus acentos pueden cambiar. El jíbaro comienza a pronunciar la “s” al final de la palabra mientras que la doña comienza a arrastrar la “r”. Eso pasa todo el tiempo. Es parte de una cultura en movimiento. Es parte de vivir en un mundo donde estamos en cada momento interactuando unas con otras. Cuando los horizontes se ensanchan y ya no es solamente salir de la loza pa’l campo, sino de un país a otro, es también posible que los acentos cambien. Esto no quiere decir que todo el mundo cambia su acento. No. Algunas personas, por cualquier motivo, lo mantienen. Otras, sin embargo, cambian. Es parte normal de las interacciones humanas.
Como dije al principio de este ensayo, estuve al frente de una congregación que era mayormente ecuatoriana. El transporte público, para mí, es guagua. Así que, en puertorriqueño, yo digo “coger la guagua” para referirme a la acción de tomar el transporte público para ser transportado de un lugar a otro. Pero hay algo importante en las relaciones internacionales y el uso del español… En Ecuador, “guagua” es niña pequeña, mientras que “coger” tiene, además de la acepción de “tomar”, otra acepción, que es de naturaleza sexual. Lo que para mí es una acción normal del día a día, para un ecuatoriano es una vulgaridad. ¿No es responsabilidad de un buen líder el adaptarse a la comunidad que sirve? Entonces, debo adaptar mi español a la comunidad que me circunda. Esto no me ha hecho menos puertorriqueño ni me quita el deseo de estar involucrado en la realidad política, social, económica y demás del país al que me siento unido.
El acento no me define como puertorriqueño; como tampoco define mi puertorriqueñidad el lugar donde vivo, mi sexualidad, mi color de piel, mi educación, mi sexo, mi género, mi posición social, mi trabajo, etcétera. Mi puertorriqueñidad no depende de cómo la definan quienes se han quedado en la Isla. Tampoco depende de cómo la definamos quienes hemos salido o quienes nunca la han visitado (hay puertorriqueños y puertorriqueñas que han nacido en Estados Unidos u otros países que también se interesan en la realidad de la Isla.) Mi puertorriqueñidad y cuánto quiero involucrarme en las discusiones de la realidad isleña la defino yo. Me interesa seguir leyendo, aprendiendo, escuchando, opinando sobre la realidad de la Isla. Me interesa seguir poniendo mi granito de arena en el desarrollo social, político, económico de Puerto Rico. Me interesa porque amo a mi Isla y no importa cuánto cloro los puristas puertorriqueñistas me quieran tirar, la mancha de plátano no se me va a quitar. ¡Yo también soy puertorriqueño!

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